DUODÉCIMO DÍA: 23 DE AGOSTO

Hoy amanecemos temprano ya que hay mucha luz desde la madrugada (de hecho, a pesar de estar a finales de agosto no ha habido oscuridad total en ningún momento), además estamos ansiosos por la actividad programada para hoy y el principal objetivo de nuestra visita a Andenes, el avistamiento de ballenas. Recomiendan estar por la zona un par de días por si el tiempo no acompaña y no se puede realizar la salida en barco o por si no se pudiesen localizar ningún ejemplar en la primera salida, nosotros nos apostamos por un solo día y la verdad es que nos salió bien.

Habíamos reservado la actividad un par de meses antes con la empresa Whale Safari para garantizarnos plaza, en estas fechas hay dos salidas, una por la mañana a las 11.00h y otra a las 16:00h y el grupo de la mañana suele estar a tope de gente.

Aunque la salida en barco es a las 11:00h hay que estar dos horas antes porque primero visitas un pequeño museo en el que te ponen en situación y te explican un montón de cosas de las ballenas, de la zona y de lo que se verá después, según palabras  de nuestros hijos es el museo que más les ha gustado, especialmente por las buenas explicaciones. Nosotros, además, tuvimos suerte porque como había bastantes españoles tuvimos un guía en español que también nos acompañó en el barco.



El viaje en barco hacia la zona donde están los cachalotes (es la especie que más frecuentemente se avista y la que vimos nosotros) se hace duro, la duración es entre  una hora y hora y media y después hay que esperar a que salga alguno... según nuestro guía el tiempo era bueno, no hacía mucho frío y había pocas olas (habíamos tenido suerte) pero aún así, casi ninguno se libró de la sensación de mareo y malestar (incluso después de haber tomado una pastilla de jengibre para el mareo que ellos mismos te ofrecen). Cuando por fin ves al cachalote te quedas sin palabras, lo ves bastante cerca, flota, se balancea y respira varias veces antes de sumergirse en el agua y mostrar su impresionante cola (en ese momento te avisan con la palabra "diving"  para no perderse el momento. Como no había más ejemplares cerca el capitán decidió esperar a que el mismo saliese de nuevo (está sumergidos unos 30-45 minutos y luego vuelve a salir), segunda observación y vuelta al puerto (de nuevo 1,5h de viaje). En el viaje de vuelta de dan sopa de verduras y pan que si no vas con el estómago revuelto té ayuda a entrar en calor (durante todo el viaje tienes a disposición café, te y galletas)








Lo dicho es increíble ver a los cachalotes aunque sea 5 minutos pero el viaje en barco y la espera con las olas se hace dura. Aquel que sea propenso a marearse, lo puede pasar mal. 









Tras llegar a puerto y recuperarnos un poco decidimos comer un bocata allí mismo antes de emprender camino hacia Hennisvaer, nuestra siguiente parada.


El camino hacia Hennisvaer es bastante largo (algo más de tres horas) atravesando las islas Vesteralen para adentrarse ya en las Lofoten por la carretera E10 que recorre toda esta zona y, aunque atravesamos paisajes muy bonitos, no paramos en ninguno ya que estuvo lloviendo la mayor parte del tiempo.

Poco después de pasar Svolvaer, capital de las Lofoten, está el desvío a Hennisvaer, que muchos conocen como la Venecia del norte ya que está dividida en dos por una especia de canal. Nos alojamos en el Johs H. Giaever Hostel, en una habitación familiar con baño (dos camas individuales y litera).  Ya llegamos tarde así que los comercios e incluso los pocos restaurantes que vimos estaban cerrados o a punto de cerrar, menos mal que pillamos una pequeña tienda abierta para comprar un par de cosas y poder acompañar la comida que todavía teníamos en la maleta. Hicimos la cena y cenamos en la cocina y salón comunitario del hostel.


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