DECIMOTERCER DÍA: 24 DE AGOSTO
Anoche nos acostamos
pensado que quizá podíamos regresar unos kilómetros hacia atrás para visitar
Kavelvag que no habíamos visto el día anterior, pero el día amaneció precioso,
soleado, como hacía ya una semana que no lo veíamos, así que preferimos
lanzarnos dirección al sur. Saliendo por los puentes que unen las distintas
islas de Henningsvaer entre los secaderos de pescado, rápidamente se toma la
E10. Pero nada más entrar en la isla de Vestagoy tomamos la 815, más sinuosa y
estrecha que la principal, pero que nos lleva por la costa Este.
Merece la pena, cada
curva es una fotografía. Además, como hemos comentado al principio, el día
acompaña, y la mezcla de colores de las montañas, el mar, el cielo y las casas
de madera pintan unos paisajes únicos. La primera parada es en un pequeño
puerto pasado Stamsund, dónde hay un Youth Hostel encantador, con terraza y
mesas de madera mirando al mar.
La siguiente parada es
Leknes, una localidad que no tiene nada especial, pero sí es la principal de la
isla y, por tanto, supermercados más grandes y más baratos. Aprovechando que
hace buen tiempo nos compramos carne, avíos para la ensalada y una barbacoa de
las portátiles (nos hemos enganchado a "barbacoasporelmundo").
Desde aquí nos dirigimos
a Nusfjord. Es un pueblo enclavado en un pequeño entrante del mar, y la carretera
de acceso serpentea entre un lago y la pared de una montaña aún nevada a
finales de agosto. Durante la época de verano (hasta mitad de agosto) hay que
pagar para entrar en el pueblo, pero en estas fechas ya no hay mucha gente, así
que después de dejar el coche en la entrada, nos damos un pequeño paseo por el
muelle y los "Robuer" (antiguas casas de pescadores de madera)
mientras los niños pescan en un pantalán.
Empieza a ser la hora de
comer y teníamos claro que hoy nos apetecía comer en una playa. A escaso 20
minutos en coche desde Nusfjord, pero en la cara Oeste de la isla se encuentran
las mejores. Nada más salir de Flakstad, a mano derecha pasamos un camping, y
justo después hay una playa de arena blanca y un pequeño parking con mesas y
sillas de madera mirando al mar. Nos acompañan las ovejas (no sé si hemos dicho ya que hay más que noruegos) y alguna
que otra autocaravana de surferos que no les importa pasar un poco de frío con
tal de coger una ola. La barbacoa nos supo a gloria. Seguro que el mar, la
playa de arena blanca y el hambre ayudaron un poco.
Desde aquí a Reine hay
una media hora en coche y la carretera E10, una vez pasado Hamnoy, se hace más
estrecha y se va pasando de nuevo de unos islotes a otros entre puentes y
muelles ganados al mar con la sensación de ir rodeando Reine para que la veas
desde dónde realmente es bonita, desde fuera. Aunque se pueden hacer distintas
actividades náuticas, aprovechamos la tarde para pasear por los alrededores del
pueblo y sentarnos y tomar un café en el puerto.
Para unas vistas todavía
mejores existe la posibilidad de subir a la montaña Reinebrigen pero
descartamos esa opción al ir con los niños y leer algún cartel en el pueblo
alertando de las dificultades técnicas que implicaba la subida.
El alojamiento en esta zona es más caro que en el resto de zonas que hemos visitado, nosotros nos quedamos en Lofoten Bed & Breakfast Reine Rooms and Apartments en una habitación muy espaciosa y con desayuno incluido. Como curiosidad el desayuno te lo dejan preparado en la nevera el día anterior por lo que aunque es muy completo se echa de menos pan calentito...
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