DECIMOQUINTO DÍA: 26 DE AGOSTO
Nos levantamos temprano
para desayunar e ir al aeropuerto: el desayuno buffet del hotel impresionante,
incluso con cocina en vivo. Dejamos el coche de alquiler y tomamos el vuelo a
Oslo.
La opción más rápida para
ir del Aeropuerto a Oslo o viceversa es un tren rápido que vale 180 NOK por
adulto (los niños no pagan). Es el tren más rápido del mundo que va de un
aeropuerto a la ciudad. Paramos en la estación de Nationaltheatret, que se
encuentra a escasos 5 minutos andando del Hotel (ScandicSolli: está bien, muy
bien situado solo dos con peros, los ascensores son pequeños y solo dos para lo
grande que es el hotel y el espacio para sentarse a desayunar es limitado para la
cantidad de huéspedes que tienen).
Nos quedaba toda la tarde
por delante para visitar Oslo y el domingo completo. Planificamos visitar hoy
aquellos sitios de acceso gratuito y a los que pudiésemos ir andando. Teníamos
pensado al día siguiente sacar la Oslo Card que incluye las visitas a museos y
el transporte público incluyendo el ferri que va a la península de Bygdoy donde
se encuentran algunos de los museos que queríamos visitar.
Subimos andando hasta los
jardines del Palacio Real que están al lado del hotel. El palacio para estas
fechas estaba cerrado, pero en el paseo por sus jardines con el buen tiempo que
hacía nos percatamos que es un lugar de visita habitual para los habitantes de
Oslo. Desde aquí se toma la calle principal de Oslo, la Karl Johanns Gate,
peatonal y llena de gente paseando o tomando algo en las terrazas. En los dos
días que estuvimos en Oslo pasamos por allí en distintas ocasiones. A la
derecha se encuentra el Parlamento, un edificio de ladrillo muy característico,
y más adelante a la izquierda la Catedral. Destaca más el interior que el
exterior, por sus vidrieras y los frescos del techo.
Al final de la calle de
topas de frente con la Estación Central (aquí compramos la Oslo Card para el día siguiente) y en uno de sus
laterales se abre una plaza al mar (más bien al fiordo), y es aquí donde está
cambiando la ciudad. Cantidad de edificios nuevos y otros en construcción que
están modificando el urbanismo del puerto y cuyo edificio más emblemático es la
Ópera. Merece la pena subir por una de sus rampas laterales y tomar alguna foto
desde el tejado. Su color blanco y la sensación de no tener paredes, sino
rampas y escenarios que miran al mar hace que esté llena de gente leyendo,
tomando el sandwich del mediodía o simplemente tomando el sol. Por dentro, el
edificio es también original con la construcción de una rampa de madera que se
asemeja a un barco.
Desde la Ópera decidimos ir andando hacia el Ayuntamiento, edificio muy característico de Oslo y
donde cada año se entrega el Premio Nobel de la Paz. El ayuntamiento queda al lado del Aker Brygge una zona muy animada llena de bares y restaurantes que finaliza en el museo de arte moderno Astrup Fearnley, un edificio moderno cuyo techo de cristal simula una vela de barco. El tiempo acompañaba así que la zona estaba muy animada.
Al otro lado del Aker Brygge está la fortaleza de Akersus que decidimos dejar para el día siguiente.
Los niños estaban cansados así que nos volvimos al hotel y cogimos algo de comida para cenar en la habitación.
Comentarios
Publicar un comentario